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La amistad reforzada entre los niños y sus mascotas


Los niños de hogares con perros tienen un 23% menos de probabilidades de presentar dificultades en la gestión de sus emociones e interacciones sociales que los pequeños que no tienen mascota, según la investigación publicada en la revista Pediatric Research. Un animal de compañía, en especial los perros, ayudan al desarrollo socio-emocional de los niños, porque ofrecen amor incondicional, promueven el juego, no emiten juicios y favorecen el desarrollo de la empatía. Entre el animal y el niño se establece un vínculo emocional positivo. Los perros promueven la expresión de sentimientos, la comunicación y son unos facilitadores en las relaciones sociales, porque actúan como un puente entre los seres humanos”, comenta Morenza, que hace varias recomendaciones para conseguir una convivencia feliz con un animal en una familia con niños, como:


  • La decisión de tener un animal de compañía debe asumirse por parte de toda la familia.

  • Evitar decidir tener un animal de compañía con el único propósito de obtener un beneficio terapéutico para nuestros hijos.

  • Nunca elegir un animal de compañía por su apariencia física o estética, sino por sus características, temperamento y necesidades.

  • Educar al animal de manera adecuada.


Los perros pueden ser la puerta de acceso para que los niños mejoren la relación con su entorno y gestionen mejor sus emociones, como en el caso que explica Begoña Morenza, de la organización Yaracán, sobre Ana, “una niña con mutismo selectivo paciente de psiquiatría infantil que a los cuatro años dejo de hablar y con nueve años comenzó a venir a las sesiones de terapia con perros organizadas en el Hospital de Torrejón. La niña estuvo mucho tiempo comunicándose por escrito con el grupo y disfrutando mucho con los Golden Retriever de terapia que la acompañaban en todas las sesiones, pero un buen día llevamos a un cachorro de la raza Bichón Maltés y le pedimos ayuda para buscarle un nombre, después de cinco minutos sin hablar con nosotros dijo el cachorrito se llamará Bady. A partir de entonces, comenzó a hablar en las sesiones. Comenzó a ser consciente de que su tono de voz y la emoción de su comunicación con los perros provocaba que estos reaccionaran de forma inmediata y con alegría. Los perros, poco a poco, fueron unos grandes aliados para motivar de inmediato cualquier esfuerzo por hablar. Bady es un pequeño gran perro de terapia en activo en el equipo y sigue ayudando a muchas personas”.

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